martes 7 de abril de 2009

Volver

Es extraño, si el año pasado me hubiesen dicho que volvía en mayo a Chile habría saltado de alegría. Ahora no, y no es porque no quiera volver, o quizás es un poco de eso. Tenía ganas de seguir en el Knight Center donde estoy trabajando desde enero, me encanta ir a la oficina y trabajar online, buscar información, probar nuevos formatos, leer muchas noticias. En fin, había pensado quedarme hasta agosto. El viernes me avisaron que si ya terminé los créditos de mi máster, la beca se acaba y debo regresar. Antes quería eso, ahora no, debe ser por eso -entre otras cosas, obviamente- que la gente me encuentra rara.
Yo no sé por qué soy rara, pero ya me acostumbré que todos piensen eso de mi, desde que me acuerdo de mi que soy rara, o más bien los demás me creen rara. No hay nada que hacer con eso. Quizás qué será lo que me hace rara. Algún día lo descubriré en terapia.


Volviendo al tema de volver, ahora que se viene todo encima es como una ola gigante que me tapa y que yo no quiero enfrentar, pensar en vender todas las cosas que tengo acá, armar maletas, buscar trabajo en Chile, volver a vivir con mis papás, estar cesante, días y días sin hacer nada, todo me agobia. Pienso qué voy a hacer sin seguro de salud, no puedo pedirle a mis papás que se hagan cargo de una carga, que es lo que a estas alturas sería.

Pienso en volver a trabajar, sólo me ronda la idea de haber visto trabajos en consultorios, seré capaz de volver de nuevo a una rutina de horarios rígidos, de normas rígidas, de instituciones rígidas? No lo sé y me asusta, porque desde que dejé la obstetricia el año 2002, mi vida profesional fue bastante atípica, primero en trabajos voluntarios con grupos operativos para niños, iba dos o tres veces por semana. Paralelamente tenía uno o dos pacientes en la consulta, cosa que tampoco me estresaba demasiado.
Después me fui a servicio país, un mundo aparte, un lugar que estaba cerca de una ciudad, pero en la práctica estaba tanto o más aislado que los extremos patagónicos. Fines de semana sin nada, como ahora, pero la diferencia es que allá no había internet, teléfono, televisión o radio, era como un pequeño infierno, pero se transformaba rápidamente con la llegada de la semana y las pequeñas semi-rutinas que constitutían mi vida. Una reunión del pro comuna hacía que el día valiera la pena, una par de conversaciones con mi partner también, siempre pensando en locuras, pero finalmente locuras que se realizaron, a veces no sé cómo, pero así fueron. Paseos al río, los árboles ahogados que se transformaban en un bosque fantasma cuando el sol se llevaba lejos el agua. Los buses rurales, el olor a humo y ropa mojada, las risas ocultas, las miradas permanentes en una suerte de vigilancia - cuidado, que sin embargo no impidió que me robaran, que rompieran el ventanal de mi balcón y arrancaran con todos los Cds piratas que tenía, mis tesoros preciados, música rara para ellos, de hecho, creo que me los devolvieron todos, dudo que alguien se haya interesado en alguno de los títulos que mi pirateada colección tenía.
Si se interesaron en unos puros que tenía, regalo de un extraño amigo, que cuando supo que me gustaba el olor a tabaco, me regaló unos puros para damas, con boquilla blanca. Los niños dijeron en el pueblo que era marihuana, cómo nos reímos con eso.
También se llevaron mis perfumes, algunos copias baratas y otros, los menos. algunas exquisiteces que siempre tiendo a tener, nadie sabe por qué, viniendo de donde vengo no es razonable que me gusten esos perfumes, tan finos, tan de otra clase que no me corresponde, quizás eso es uno de los factores que me hace rara. En cierta forma soy una desclasada. Aun cuando me declaro de clase obrera y proletaria, mis estudios, mis trabajos, gustos y viajes no tienen relación con lo que se espera de una sobreviviente de la población Oscar Bonilla.
Debiera yo ser realmente, una señora de ceño adusto, cutiz seco, manos partidas, debería tener al menos dos hijos (creo que es eso en promedio las que fueron mis compañeras en la básica) Debiera vestir en falaferia (broma de una auxiliar de enfermería con la que trabajaba, que me pareció muy simpática). Bueno en mis actuales condiciones corporales parezco vestida en la boutique de falaferia, pero eso es porque me comido mucha rabia, otro tema para terapia, como dijo Raquel, como rió mi amiga cuando dije que me pesa la infancia.
En vez de ser la señora xxx, y en realidad sería raro que alguien dijiera la señora Sigrid, ahora me doy cuenta que quizás mi mamá nos puso estos nombres para que no fuéramos parte de su mundo poblacional, cómo una persona de una población rasca podría llamarse señora Sigrid???? Suena raro, aunque sé que ahora hay miles de pequeñas Sigrid, nombradas así en honor a una actriz, esas niñas serán algunas Sigrid poblacionales del futuro. Pero como soy mayor que la Sigrid actriz, mi nombre y el nombre de mis hermanas fue heredado fuera de contexto, ninguna de nosotras tres podríamos con los nombres que tenemos, haber sido señoras de población. No quiero ser pedante, sé perfectamente que el nombre no tiene que ver con eso, pero cuando lo pienso desde un prisma más fantasmático, creo que mi madre nos nombró para no ser de su misma clase social.
En fin, el punto es que soy una Sigrid previa era de teleseries con actriz famosa Sigrid, soy una Sigrid legítimamente rara, que no tenía un nombre adecuado al contexto poblacional en el que nació. Que tuvo una madre que insistió en hacerla creer que el mundo era más delicado, que había cosas maravillosas escondidas en los libros, que en las fantasías de ser otros no había ningún obstáculo, que podíamos ser lo que quisiéramos, ser lo que ellos nunca pudieron ser. Que podíamos llegar a un punto donde ya no tendríamos que pedir por favor que una asistente social nos atendiera para darnos algún miserable beneficio, que no íbamos a tener que ser los pobrecitos de la familia, los que recibían las visitas amables y misericordes de sus tíos, que siempre traín ropa que daban de baja, para dárselo a esos niñitos, que eran felicices con esa ropa usada, pero nueva a nuestros ojos. Creo que mi madre nos nombró para salir de eso, para que nunca nos quedáramos en esas cuatro paredes de 36 mt cuadrados que albergaban a 6 personas, para que nunca nos acostumbráramos a vivir en una mediagua sin forro, que me congelaba la nariz por las noches, porque dormía en la parte de arriba del camarote y me entraba el viento.

Joder, no quiero seguir acordándome de esas cosas, mejor no hablar de ciertas cosas dijo Prodán, y tenía razón, es mejor no hablar de ciertas cosas, en fin, cómo es que llegué acá? ahhh, por el miedo, sí, tengo miedo, miedo a perderme en la población, a no encontrar un trabajo, a terminar siendo la señora del almacén, la digan heredera de sus padres trabajadores, sé que cualquier persona que me conozca se reiría de esto y me diría que estoy loca, bueno quizás lo esté, porque son esos mis miedos, ver pasar los días uno tras otro con el mismo compás y las mismas imágenes repitiéndose día a dia, La luz de mi ventana, los gritos de los vecinos de atrás y de al lado, los cables de la luz, la vista de los techos de los infinitos vecinos, algunos tapados con zinc, otros hechos como un collage, con ladrillos y piedras afirmando lo que el viento siempre se quiere llevar. Recordando que atrás vivía una niña a la que su madrastra maltrataba como en las películas de terror, y yo escucha sus gritos, a las seis de la mañana, sus llantos, los encierros en un closet que seguramente era oscuro y sórdido. Sólo recuerdo que alguna vez se llevaron a esa mujer en un carro policial, no sé qué fue de esa niña, era pequeña y delgada, como un perrito abandonado, es que era eso, un perrito abandonado al que el carcelero torturaba, pero se fue, ellos se fueron , muchos vecinos se fueron, nosotros nos quedamos, más bien, me quedé yo, todos mis hermanos se fueron, todos se casaron y tienen sus casas y sus familias, la única que siempre se ha quedado soy yo, quizás sea porque siempre fui la más rara.

No quiero bajar todos los días por la escalera, mirar y decir, dónde está mi mamá? necesitas que te ayude con las botellas? llegaron las bebidas, voy a entrar las botellas, voy a sacar el envase, no quiero morirme entremedio de envases vacíos y no sé por qué creo que es ese mi destino, quizás es cierto eso de que seré la hija para cuidar a los papás. Mal que mal, todo lo que he estudiado en mi vida es para cuidar a los demás, aunque jamás he sido capaz de cuidarme a mi misma.

Ahora voy a dormir, al menos pude escribir.
Des

domingo 5 de abril de 2009

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